Nuevos modelos de periodismo científico: hacia la esperanza


La crisis económica avanzó pareja a lo que muchos llamaron la crisis del periodismo. La falta de recursos obligó al cierre de cabeceras, al recorte de salarios y de trabajadores y a la sensación de estar perdiendo un valor nuclear. El periodismo científico no fue ni mucho menos ajeno a ello. Acostumbrado a ocupar un papel lateral, fue de los primeros en acusar el golpe y sus secciones acabaron por ser de las más castigadas.

Pero también, y paralelamente, fueron surgiendo nuevos medios. En general digitales, en general haciendo de la necesidad virtud. Por varias razones hubo muchos que no sobrevivieron. Otros, como Materia, especializados en periodismo científico, se reconvirtieron y acabaron siendo responsables de la sección de ciencia de un medio tradicional como El País. Nacieron fundaciones como Civio, que se mantienen con éxito bajo una estructura colaborativa, o un poco antes la Agencia Sinc, una apuesta pública ya consolidada. Y, en medio de ese paisaje, han aparecido iniciativas como Percientex, que pretende servir como un escaparate de buenas prácticas; de un periodismo científico que, desde una u otra trinchera, desde medios más novedosos o más tradicionales (sea lo que sea que eso signifique) lucha por mostrar que siguen apareciendo ejemplos de calidad. Que la esperanza está fundada.


Civio: un periodismo de datos por la transparencia


“Civio es una fundación sin ánimo de lucro cuyo objetivo fundamental es hacer un periodismo que vigile a los poderes públicos”, explica Eva Belmonte, encargada de diseñar y supervisar las diferentes líneas de investigación de la plataforma. Basada profundamente en lo que se ha dado en llamar “periodismo de datos”, Civio tiene una vertiente muy dirigida a aspectos estrictamente políticos, pero reserva un importante apartado a cuestiones que se relacionan con el periodismo científico de investigación.


Logotipo y mensaje de la fundación Civio


“Le damos mucha importancia”, confiesa Belmonte, “sobre todo a temas de sanidad y de gestión pública relacionada con la ciencia”. Uno de los principales proyectos es Medicamentalia, un proyecto de periodismo internacional sobre el acceso a la salud que recibió el premio Gabriel García Márquez en innovación y el de Mejor Investigación del Año en los Data Journalism Awards de 2016. Organizado en diferentes fases, la primera de ellas analizó el asunto de las patentes y el acceso a los medicamentos en diferentes partes del mundo. Para ello comparó los precios de 14 fármacos en 61 países, encontrando datos alarmantes. Por ejemplo, un tratamiento de 30 pastillas de omeprazol (un protector de estómago) cuesta el equivalente a 13 días de trabajo en Nigeria, pero solo al de 1 o 2 horas en España.

“Fuimos los primeros en publicar cuánto pagábamos por el Sovaldi, el tratamiento contra la hepatitis C”, comenta Belmonte. “Gracias a eso se está usando en campañas de negociación del precio. Aceptaron que lo bajarían, pero aún no tenemos constancia de que lo hayan hecho”, reconoce.
 


Presentación de datos sobre precios de fármacos / Fuente: Civio


Otros de sus trabajos han explorado los precios de las vacunas y los niveles de inmunización a nivel internacional, desvelando que hasta 97 países han notificado a la Organización Mundial de la Salud algún tipo de desabastecimiento. También han revelado que “ocho de cada diez euros que las farmacéuticas gastan en médicos son opacos” o que “las asociaciones de pacientes recibieron casi seis millones de euros de la industria farmacéutica en 2016”, lo que podría implicar una medida de presión a favor de sus productos. “Lo que nosotros hacemos es presentar los datos”, explica Belmonte. “El objetivo no es tanto denunciar el hecho como la falta de transparencia: mostrar la información para que pueda ser objeto de debate”.

Civio está formado por nueve personas, de las cuales cuatro son periodistas. Y no cuenta con publicidad. “Esto nos obliga a ser creativos”, confiesa Belmonte. El dinero lo obtienen de socios comprometidos con el proyecto y presentándose a proyectos de la Comisión Europea y a becas internacionales (“no se ofrece ninguna en España”, lamenta). Últimamente también ofrecen servicios, como herramientas de visualización de impuestos que han elaborado para los ayuntamientos.

Porque “la tecnología está presente en todo el proceso”, reconoce Belmonte. “Nos permite obtener, limpiar y analizar los datos, así como crear enfoques y buscar las mejores maneras de presentarlos”. Pero, ¿cómo están ayudando estos formatos a la lectura y comprensión? ¿Son siempre útiles? “No”, asume. “Hay herramientas maravillosas, pero tenemos que pensar muy bien para qué las usamos. Podemos hacer filigranas con vídeos de 360 grados, elementos móviles o mapas interactivos, pero a veces es mejor poner un simple gráfico de barras”.

¿Y no podría hacerse con más frecuencia este tipo de periodismo desde los medios tradicionales? “Se puede, pero no es prioritario. Y no resulta sencillo. Nosotros tenemos a periodistas que se especializan en un tema y pueden prepararlo durante meses o incluso un año. Yo creo que van a surgir más plataformas y me gusta pensar que ambos tipos de medios van a convivir”. De hecho, el contenido de Civio está bajo una licencia Creative Commons, por lo que otras publicaciones pueden republicarlo siempre que se les cite. O usar sus datos como pie a nuevas investigaciones. Es casi una interrelación. “Nosotros no podemos cubrir la actualidad. No somos la competencia”.

Dicho esto, ¿qué haría si tuviera todos los recursos disponibles? “Seguramente, desmontar la opacidad que existe entre gobiernos y farmacéuticas. Nosotros hemos hecho una pequeña parte, pero es un asunto importantísimo”.


Materia, Ojo Público y Percientex: un escaparate de buenas prácticas


Materia es un grupo de seis periodistas científicos que ha estado a ambos lados de la trinchera, a caballo entre los medios tradicionales y el funcionar como una plataforma independiente. Antes de llamarse así formaban el núcleo de la sección de ciencia en el diario Público, que se editó en papel desde el año 2007 hasta el 2012. Tras los profundos recortes y el reajuste del periódico decidieron crear una web autogestionada. “Decidimos apostar por ello porque la sección había funcionado muy bien”, explica su directora, Patricia Fernández de Lis. “Publicábamos seis páginas diarias en papel, recibimos varios premios y las noticias eran de las más visitadas del periódico. Cuando cerró recibíamos mensajes recurrentes diciendo que nos iban a echar de menos”.




Logotipo de la web de Materia


Durante más de dos años trabajaron de forma independiente. “Lo más fácil fue el trabajo diario”, reconoce Fernández de Lis, “porque al fin y al cabo era lo que sabíamos hacer. Lo más duro fue el proceso burocrático y la búsqueda de financiación”. Dos años y medio después aceptaron una propuesta del diario El País para convertirse en la sección de ciencia del periódico. “No sé si hubiéramos sobrevivido de forma independiente”, reconoce. “Al menos éramos sostenibles, aunque fuera de forma precaria. Y tuvimos más ofertas de otros medios”.

Fernández de Lis no percibe grandes diferencias en su día a día. “Ahora publicamos mucho más, eso sí, porque podemos volcarnos en el periodismo y no necesitamos dedicar tiempo a buscar cómo sobrevivir”. Sobre la coexistencia y relación entre medios tradicionales y nuevas plataformas de acceso abierto como Civio, la directora de Materia cree que “la colaboración tiene todo el sentido. Nosotros por ahora no lo hemos hecho con Civio, pero sí con otras como The Conversation o la Agencia Sinc. Los medios están tremendamente presionados por la falta de ingresos y la colaboración tiene todo el sentido”.

Otra de esas plataformas es Ojo Público, un medio digital peruano que cuenta con muchos paralelismos respecto a Civio. A través de concursos de proyectos, becas y recursos de fundaciones y entidades consiguen financiar un periodismo de investigación en profundidad. Al igual que Civio, su enfoque general es eminentemente político, pero dedican una parte importante de su atención al periodismo científico, especialmente a temas de medio ambiente y sanidad. A través de The Big Pharma Project investigaron los métodos de las farmacéuticas para extender sus monopolios en América Latina, y en Cuidados Intensivos analizan la medicina privada en Perú. A nivel ambiental, su reportaje La carretera que corta el corazón de la Amazonía ganó el premio a la excelencia periodística de la Sociedad Interamericana de Prensa en 2017. Su autora, Fabiola Torres, pronunció precisamente la charla de apertura de la I Jornada del Observatorio PerCienTex (Periodismo Científico de Excelencia), una iniciativa que pretende servir de escaparate para algunas de las mejores piezas de periodismo científico, ya sea de nuevos medios o de cabeceras más tradicionales.
 

La carretera que corta el corazón de la Amazonía, artículo premiado en Ojo Público


PerCienTex nace de una reflexión hecha por profesionales de la ACCC (Associació Catalana de Comunicació Científica)”, explica Michele Catanzaro, periodista científico y corresponsable del proyecto. “Queríamos salir del pensamiento recurrente de queja. Sabemos que la situación está mal, pero decidimos poner el foco en aquello que sí se hace bien”. Con ello, según Catanzaro, se perseguían diferentes objetivos: dar crédito a los buenos ejemplos y hacer que sirvan como tales, crear un escaparate y fomentar además una red de buenos profesionales que en muchas ocasiones se encuentran aislados, sobre todo respecto al ámbito latinoamericano.

En su primer año escogieron una serie de publicaciones de referencia y convocaron a voluntarios que seleccionaran las mejores piezas conforme a una serie de requisitos de calidad. “Fue una locura que funcionó, conseguimos desarrollar un cerebro colectivo”, asegura Catanzaro. En su segundo año, sin embargo, no obtuvieron recursos suficientes para hacerlo crecer, así que decidieron apostar por un “acceso alternativo a la excelencia”: la concesión de premios y becas a los artículos sirvió como un filtro inicial. “Nosotros no decimos que lo excelente sea únicamente lo que seleccionamos, pero al menos sí creemos que hemos podido identificar una muestra”, puntualiza.
 

Presentación de las jornadas Observatorio Percientex


Al final se incluyeron 56 trabajos, tanto de España como de América Latina, de medios tanto tradicionales como más innovadores, incluidos Civio u Ojo Público. “Los medios tradicionales siguen haciendo periodismo de calidad, a veces también de formas innovadoras”, sostiene Catanzaro. “Pero los nuevos son claramente competitivos. Quizá no en el alcance, pero sí en cuanto a la calidad. Y, en ocasiones, su resultado es superior”.

(Algunas de esas formas de innovación pasan por el formato, como el uso de vídeos incrustados explicativos o complementarios o experiencias inmersivas. La directora de Materia admite que todavía no se conoce qué es lo que mejor funciona, que está aún en estudio y que ellos mismos están haciendo algunos experimentos: “En los medios tradicionales puede ser más difícil, porque requiere una transformación radical. Desde luego, nuestro consumo mayoritario sigue siendo la lectura”, afirma).

En la selección de Percientex no entraron los blogs, otro recurso de información. “No los veo tanto como medios sino como fuentes”, asegura Catanzaro. Estos artículos “no llegan a ser noticias periodísticas. En general son piezas de divulgación, opinión… o incluso la base para que un periodista lo trabaje. No les quito valor, amplían la variedad y la calidad de las fuentes, pero no son medios como tales”.

Para Catanzaro, el balance actual da motivos para la esperanza. “Es cierto que las condiciones no son buenas, pero sigue haciéndose periodismo de calidad, creo que con una visión más madura, crítica y periodística de la ciencia”. En ese camino, los medios tradicionales también deben aportar: “deberían hacer mucho más”, asegura el periodista. “No actuar tanto como elefantes sino aprovechar su ventaja para avanzar”. Y, para ello, podrían fijarse en ciertos aspectos de muchos de los nuevos medios: “en los medios tradicionales, la organización interna es aún profundamente piramidal y jerárquica. Necesitamos que sea mucho más horizontal”.

Qué esperar del futuro, entonces. Fernández de Lis reconoce, con una sonrisa, “no tener ni idea”. Lo que espera es que “haya cada vez más información científica rigurosa y relevante y que vaya acompañada de una financiación adecuada. Pero es complicado. No parece claro que la publicidad vaya a ser suficiente y en los medios hispanohablantes no hay una cultura de pago por la información. Pero confío en que sigue habiendo gente que la consume. Nosotros somos una muestra”.

La información valiosa siempre se necesitará. La pregunta es si conseguiremos la forma de pagarla, y si no será accesible únicamente para las élites”, responde Catanzaro, quien echa de menos “más demanda, más cultura lectora con espíritu crítico, una masa de gente interesada que posibilite un mercado regido por la calidad”.

Aun así, hay motivos para la esperanza: “Incluso en los momentos de mayor dificultad aparecieron medios que sobreviven, la cuestión es la sostenibilidad a largo plazo”, subraya Catanzaro. “Para ello deberemos ser creativos y probar, de forma racional, nuevos enfoques y formatos. Pero sin perder la vocación original. Como se suele decir: no vayas a tirar al niño con el agua sucia”.



Jesús Méndez (@jesusmendezzz) es médico y doctor en bioquímica. Desde hace unos años se dedica en exclusiva al periodismo científico. Cofundador de la asociación Dixit Ciencia, colabora con numerosos medios impresos y digitales. Ha recibido varios de los premios más prestigiosos de periodismo científico concedidos en España, como el Premio Prismas Casa de las Ciencias, el Premio Concha García Campoy o el premio Boehringer de Periodismo en Salud, entre otros.

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